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"El amor es la razón única por la cual Dios nos dio la vida." Andrés López Soriano - México. |
El Círculo del 99
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar. Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto? ¿Qué secreto, Majestad? ¿Cuál es el secreto de tu alegría? No hay ningún secreto, Alteza. No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira. No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-.. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo. ¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz. A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz. Así es. ¿Y cómo salió? ¡Nunca entró! ¿Qué círculo es ese? El círculo del 99. Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-. La única manera para que entiendas, sería mostrártelo en los hechos. ¿Cómo? Haciendo entrar a tu paje en el círculo. Eso, ¡obliguémoslo a entrar! No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo. Entonces habrá que engañarlo. No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo. ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad? Si, se dará cuenta. Entonces no entrará. No lo podrá evitar. ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir? Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo? Sí. Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99! ¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche. Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste".
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.
El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela. Se sentó y vació el contenido de la bolsa... Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! El, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60....hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
Me robaron -gritó- ¡me robaron!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro "sólo 99". -99 monedas es mucho dinero- pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. «Doce años es mucho tiempo», pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender... vender... vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99...
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.
¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa. Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Lamentablemente parece que siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto siempre la felicidad debe esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ¿Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están? |
...Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar. ...Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más. ...Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos. ...Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa. ...Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo. ...Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera. ...Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro. ...Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo; y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo. ...Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón. ...Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad. |
El resultado de ti mismo
No culpes a nadie. Nunca te quejes de nada ni de nadie porque fundamentalmente tú has hecho tu vida. Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo, y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar, corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error. Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo lugar supieron vencer; las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón. Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar. No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte; enfréntate con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos. No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. Deja de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso. Si tú has sido el ignorante, el irresponsable, tú y únicamente tú. Nadie pudo haberlo sido por ti. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente. Aprende de los audaces, de los fuertes; imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo. Piensa menos en tus problemas y más en lo que amas y tus problemas sin aliento morirán. Aprende a nacer desde el dolor, y a ser aún más grande. Mírate en el espejo de ti mismo, comienza a ser sincero contigo mismo reconociéndote por tu valor; por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte. Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo; reconociéndote a ti mismo más libre y fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias. Porque tú mismo eres tu destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu propio destino... "¡Levántate y mira por las mañanas y respira la luz del amanecer!" Tú eres parte de la fuerza de la vida. Ahora despierta, camina, lucha. Decídete y triunfarás. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados. |
Una hora de tu tiempo
Un hombre vino a su casa tarde del trabajo, cansado e irritado, y encontró asuhijo de 5 años esperándole en la puerta. - ¿Papá, puedo hacerte una pregunta? - Sí, ¿cuál es? - contestó el hombre. - ¿Papá, cuánto ganas en una hora? - Eso no es asunto tuyo.¿Por qué preguntas eso? - dijo el padre enojado. - Solo quiero saberlo. Por favor dime, ¿cuánto ganas en una hora? - repitió el niño. - Si quieres saberlo, en una hora gano 3.000 Pts. - "OH" - contesto el niño, cabizbajo. Volviendo a mirarlo, dijo - Papá, ¿puedo pedirte prestadas 1.500 Pts.? El padre se pudo furioso- Si la única razón por la que me has preguntado es para poder pedirme prestado dinero para comprar un juguete tonto o alguna otra cosa sin sentido, entonces vete directamente a tu cuarto y acuéstate. Piensa sobre por qué estás siendo tan egoísta! Yo trabajo muy duro muchas horas todos los días, y no tengo tiempo para tonterías infantiles. El chico fue calladamente a su cuarto y cerró la puerta. El hombre se sentó y empezó a ponerse aun más enfadado pensando en la pregunta del muchacho. ¿Cómo se atreve a preguntar cosas así sólo para conseguir dinero? Después de aproximadamente una hora, el hombre se había tranquilizado, y empezó a pensar que quizás había algo que realmente necesitara comprar con las 1.500 Pts. y realmente no pedía dinero muy a menudo. El hombre fue a la puerta del cuarto de su hijo y al abrirla le preguntó: - ¿Estás dormido, hijo? - No papá, estoy despierto. - He estado pensando, quizás haya sido demasiado duro contigo antes, ha sido un largo día y descargue mi agresividad contigo. Aquí están las 1.500 Pts. que me pediste. El niño se sentó y sonrió.- Gracias papá! - gritó. Entonces, buscando bajo su almohada sacó algunos billetes arrugados. El padre, viendo que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, entonces miró a su padre. - ¿Por qué pides más dinero si ya tienes? - preguntó el padre. - Porque no tenía bastante, pero ahora sí. -contestó el pequeño. - Papá ahora ya tengo 3.000 Pts. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor ven a casa temprano mañana, me gustaría cenar contigo. Alejandro Mustafá. |
"Hay siempre algo de locura en el amor; pero siempre hay algo de razón en la locura". Federico Nietzsche. |
"No vayas mirando fuera de ti, entra en ti mismo, porque la verdad habita en el interior del hombre". San Agustín de Hipona. |
| Una vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso: cante, ría, baile, ame y viva intensamente cada momento de su vida... antes de que el telón baje... y la obra termine sin aplausos. |
12 maneras de seguir sonriendo...
1.- Aférrate a tus sueños y no los dejes jamás. 2.- Muéstrale al mundo lo maravilloso que eres. 3.- Confía en las posibilidades de la vida, y no te apresures a juzgar a los demás. 4.- Confía en la estrella que brilla en tu cielo. 5.- Encara tus problemas uno a uno para vencerlos. 6.- Confía en toda tu fuerza interior. 7.- Muéstrale al mundo la luz secreta de tu alma. 8.- No huyas de aquellos que traen amor a tu vida. 9.- Mira lo bueno de la vida y no sucumbas en las adversidades. 10.- Muéstrate tal como eres, pues tienes cualidades especiales que te han sostenido hasta ahora, y que siempre te sostendrán. 11.- No pierdas el valor. 12.- Llena tu corazón de felicidad y espárcela en todo lo que hagas. |
| “El alma lleva escondida emociones muy profundas, que sólo los artistas pueden liberar”. Daniel Shadrawy. |
Vive como creas
Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: "¡Mirá ese chico mal educado! Él arriba del burro y los pobres padres llevándolo de las riendas". Entonces, la mujer le dijo a su esposo: "No permitamos que la gente hable mal del niño. El esposo bajó al niño y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: "¡Mirá qué sinvergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima". Entonces, tomaron la decisión de subir a la madre al burro, mientras el padre y el hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: "¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro. ¡Y pobre hijo! ¿qué le espera con esa madre?". Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje. Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: "¡Son unas bestias! Más bestias que el burro que los lleva. Van a partirle la columna". Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: "¡Mirá a esos tres idiotas! Caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos"
Moraleja:
Siempre te criticarán, hablarán mal de ti y será difícil que encuentres
a alguien a quien le conformen tus actitudes. Entonces; ¡Vive como
creas, haz lo que te dicte el corazón, lo que sientas y creas que es
correcto, y sé feliz! |
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